jueves, 14 de agosto de 2008

EJERCICIO DEL SILENCIO






Tengo mil cicatrices mojadas de silencio.

Porque la verdad me dejo marcas en el rostro y una sutil huella de desamparo en la mirada.

Fueron rasgadas a lágrimas y cuchillos en la dura sustancia del tiempo, descifrando la escritura de la lluvia sin poder escapar a la bofetada certera del destino, que me cruzó de par en par las mejillas de la inocencia.

Cuajos de sangre y lodo se pegaron a mi piel y no pude huir.

Quedé atrapada en la mordedura que parte sus pedazos.
La voz se hizo una roca cercenada. Se desmoronaron sin fin por la garganta insaciables arenas, que como en un remolino, se disolvian, y en un soplo se convocaron para aquietarse de nuevo en un nicho de silencio
La misma soledad, la no mentida, era la mensajera anónima de la palabra que me buscaba incesantemente en el país que no tiene noche.

¡Despiértame dolor y llévame al territorio de agua donde se curan todas las heridas!

Porque inclemente, me amortaja el frío del silencio

¿Cuándo comenzó la pesadilla de andar sobre los clavos inevitables del desgarro?

Silencio.se hace silencio.

Esa palabra prisionera, la que nunca broto de mis labios,aún persiste en el mismo jardín donde la hierba canta todavía.

La escucho subir a las cumbres del insomnio para encontrarme.

Yo me miro por dentro y me arqueo ligeramente sobre mi corazón de piedra en flor, recorriendo las estrechas galerías por donde anduvo el sol.

Acaricio el lejano abandono de unas manos que contemplo hasta envejecer; y ejercito la sed de silencio en una cicatriz que está latente, cada hora,
en la firme certidumbre y el delirio


Pilar González

14/8/2008

miércoles, 13 de agosto de 2008

ORGULLO







Yo hubiera querido recordarte en un último instante de sonrisas, y no en este llover por dentro desde el desdén y el orgullo.
Quizá mantener en mis pupilas el instante último de la dicha, y no la vorágine de emociones encontradas, que latía en el centro de mi pecho y hacía nudos en el estómago.

Si, mis ojos se convirtieron en puñales.
Espadas fulmíneas como un rayo en la mitad de una noche de tormenta.
Porque este perdernos uno al otro, poco a poco, se fue convirtiendo en un ejercicio de rutina donde el ego ocupaba todos los espacios.
¿Y como no decir que esto era un morir lentamente? ¿Un desprenderse en retazos de la vestidura del alma?

He ido muriendo a tu muerte, porque he elegido el castigo al perdón.

Ahora somos una lejana huella que se dispersa y se hace borrosa en las esquinas de aquel lugar que fue nuestro;
Un lejano recuerdo, donde alzamos la voz ronca y llorada entre los remolinos de nuestro corazón.






Pilar González

13/8/2008

lunes, 11 de agosto de 2008

INÚTIL




Cuando cierro los ojos ,oigo como parpadea tu voz
suspendida en la oscuridad,sobre la profundas corrientes del ramaje del silencio.

Y siento ,al abrirlos,un desgajar de presencias que dejo pasar entre mis pestañas,cuando ya se acerca a la mirada.

Porque la noche es la embriagadora de aquello que llamamos melancolía, que bebe de manera insaciable de la copa de la memoria,
hasta consumirse en cada gota que se desparrama en los labios del olvido.

Entonces ,es allí cuando insisto en colocarte en el centro de mi frente como si tatuase una cicatriz que se seca con el paso del tiempo.
O quizá,doblar tu nombre en un escapulario para colocármelo junto al pecho.

Inútil.Insistencia inútil

Todo se hace difuso,como una lejana sombra que se eleva y disuelve.
El tiempo es una cerbatana que cruza el espacio y se clava en el otro extremo de la espera y despedaza cualquier vestigio de recuerdos ,esparciendo los jirones por doquier.

Y lo que dejamos atrás ,es como el eco de un grito entre los sueños,
que en el mismo silencio,se adormece.
Contemplo en penumbras el brillo mortecino de tu recuerdo,que se hace cenizas y se hace lejano en cada poro de mi tiempo