miércoles, 13 de agosto de 2008

ORGULLO







Yo hubiera querido recordarte en un último instante de sonrisas, y no en este llover por dentro desde el desdén y el orgullo.
Quizá mantener en mis pupilas el instante último de la dicha, y no la vorágine de emociones encontradas, que latía en el centro de mi pecho y hacía nudos en el estómago.

Si, mis ojos se convirtieron en puñales.
Espadas fulmíneas como un rayo en la mitad de una noche de tormenta.
Porque este perdernos uno al otro, poco a poco, se fue convirtiendo en un ejercicio de rutina donde el ego ocupaba todos los espacios.
¿Y como no decir que esto era un morir lentamente? ¿Un desprenderse en retazos de la vestidura del alma?

He ido muriendo a tu muerte, porque he elegido el castigo al perdón.

Ahora somos una lejana huella que se dispersa y se hace borrosa en las esquinas de aquel lugar que fue nuestro;
Un lejano recuerdo, donde alzamos la voz ronca y llorada entre los remolinos de nuestro corazón.






Pilar González

13/8/2008

No hay comentarios.: