jueves, 3 de enero de 2008

CAMBIO DE PIEL




Pliega tus alas para ver

Ese peso que llevas a tus espaldas es un muro que envejece, se resquebraja y pierde su impulso en el polvo;

¿En que te has convertido?
¿Y qué fue del pasado, de tu otrora altivez con su imposición de afirmar cada día tu sombra en lo ladrillos del camino?
¿Era nada más que una máscara rota,
un cambiarse de vestimenta a lo largo de toda la vereda?
¿O un arcón repleto donde se depositan las realidades y las escorias de los días?

Giras tu vuelo como la ráfaga del enjambre bajo la tormenta.

Rodando de un día a otro destello,
de una noche a otra sombra,

-Maravillado por la novedad-

Pero llegas con cada paso al mismo lugar al que te condujeron todas las corrientes, al escurrirte sin fin por la garganta de insaciables arenas.

Ahora veo tu rostro difuso

Y aunque mis palabras parezcan hoy a la rasgadura del viento
Confieso que te he dejado de querer

Tu nombre,
el constante nombre que renunció tu mano entre las piedras;
ya no significa nada en mis labios

Inútil. Habrá de ser inútil, nuevamente,
volver a los pasos añejos, sobre densos laberintos buscando en espejos rotos
la imagen demorada de un pasado que se agita en la memoria;

Pues sería como penetrar en los días que se fueron dibujando con sobresalto y lágrimas

Distinta a realidad que hoy contemplo,
entre mis párpados;

Por ello repito cada día estas palabras que siento fluir entre mis labios:

-Alguna vez estuviste en mi alma, pero escogí, el camino de la paz, el camino de la vida
como una mariposa que flota en cromáticos vuelos

Pues estoy tallada a fuego y a cincel en la amable sustancia del presente,

Una piedra labrada que ahora permanece firme, sin desmoronarse,
que ha reconquistado una melodía antigua

No hay comentarios.: